sábado, 24 de octubre de 2015

Ni moratoria ni auditoría ¡No al pago de la deuda!

La cuestión de la deuda
Por qué hay que defender el impago
La deuda pública total supone 1.052.837 millones, el 97,70% del PIB en España. O más de 5 veces el total del Presupuesto anual del Estado.
Sólo el pago de intereses de la deuda supone en el proyecto de presupuestos de 2016 más de 33.000 millones de euros, un 16% del total del presupuesto.
Si se paga en 10 años, como son ahora las emisiones más largas de deuda, supondría pagar 105.283
millones al año. Si sumamos los intereses, casi 140.000 millones al año. Es decir, condicionar la política de cualquier gobierno y hacer imposible el gasto social.
Las propuestas de auditoría y reestructuración de la deuda
Muchos compañeros y compañeras nos plantean propuestas de auditoría de la deuda, para determinar qué parte se considera ilegítima, y pagar la deuda “legítima” reestructurando pagos e intereses. En estas propuestas, se suele considerar deuda “ilegítima” la contraída para rescatar a los bancos y deuda “legítima” el resto. Según la mayoría de cálculos, la parte de deuda dedicada al rescate bancario alcanzaría 200.000 millones de euros.
Entonces, nos quedaría pagar 860.000 millones de euros más sus intereses. Los intereses serían de unos 27.000 millones de euros.
Suponiendo que se reestructurara el capital de la deuda para pagar a 20 años en vez de 10, serían 43.000 + 27.000 euros al año, es decir, 70.000 millones de euros al año de los Presupuestos dedicados al pago de la deuda y sus intereses. Es decir, una vez más, condicionar la política de cualquier gobierno y hacer imposible el gasto social.
Eso suponiendo que los acreedores acepten la reestructuración propuesta.
La deuda como arma política
La experiencia de los últimos años, sobre todo la de Grecia, pero también la del conjunto de los países de Europa, es que la deuda supone una formidable arma para condicionar la política de cualquier gobierno. No sólo para obligarle a pagar la misma, sino sobre otras cuestiones de política general. Hemos visto cómo las “agencias de calificación” suben los tipos de interés de la deuda en respuesta al anuncio de un gobierno de que va a anular parcialmente una contrarreforma laboral o de que va a readmitir a unos funcionarios despedidos.
De dónde viene la deuda
El origen de la deuda está en la existencia de déficit públicos, es decir, de una diferencia entre lo que ingresa el Estado y lo que gasta. Entonces , para cubrir ese déficit, se recurre a la deuda.
Ahora bien, ¿de dónde viene ese déficit? En su inmensa mayoría viene del hecho de que el Estado Español recauda muy poco dinero de impuestos.
La recaudación en España se sitúa en el 37,1% del PIB, mientras que la media de la zona euro en 2012 fue del 46,2% del PIB. ¡Nueve puntos de diferencia! Y eso a pesar de que España es el tercer país de la zona euro con un impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF) más alto (con un tipo máximo aplicable del 52%), y de que el IVA está a niveles similares del resto de Europa.
El problema es que el IRPF lo pagan sobre todo los ingresos provenientes de rendimientos del trabajo, y en especial los trabajadores con salarios más altos, mientras que las grandes fortunas pagan un 1% a través de las SICAV. Y el impuesto de sociedades, que pagan las empresas, tiene un tipo medio real del 5%. Y es sabido que las multinacionales, tanto españolas como extranjeras, hacen maniobras de “ingeniería fiscal” para pagar impuestos en paraísos fiscales. A esto le llaman “elusión fiscal”
Pero, no contentos con este inmenso coladero legal para no pagar impuestos, existe un inmenso fraude fiscal consentido (a eso le llaman “evasión fiscal”). Según el Sindicato de Técnicos de Hacienda, GESTHA, la evasión fiscal total se calcula en 90.000 millones de euros al año. GESTHA añade que el 72% de ese fraude fiscal lo hacen las grandes empresas y las grandes fortunas. Es decir, más de 60.000 millones de euros al año.
Por tanto, el origen de la deuda no está en que el Estado tenga que cubrir servicios a la población y hacer inversiones con pocos fondos, sino en el inmenso fraude fiscal, tanto legal como “ilegal” (pero consentido) que se permite a las grandes empresas y fortunas.
En este sentido, toda la deuda con el capital finnaciero es ilegítima. No es una deuda del pueblo, y no debe ser pagada.
La necesidad de romper con la Unión Europea
En el año 2010, se reformó el artículo 135 de la Constitución para poner el pago de la deuda y sus intereses por encima de cualquier gasto o necesidad social. Pero esa reforma de la Constitución no hizo otra cosa que traducir la “regla de oro” que figura en el propio tratado de la Unión Europea.

Dejar de pagar la deuda es una necesidad si se quiere hacer una política social, una política favorable a los trabajadores. Pero un gobierno que haga eso tiene que proclamar su insumisión frente a la Unión Europea y sus imposiciones.